martes, 24 de mayo de 2016

NAZISMO

El nacionalsocialismo (nazismo) es fundado por Adolfo Hitler a principios de la década de 1920, en gran medida como consecuencia de la humillante situación en que había sido puesta Alemania tras la firma del armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial, armisticio que se firmó en Versalles (Francia) y por lo cual es conocido como el Tratado de Versalles. Este Tratado impuso a Alemania unas condiciones tan drásticas (casi podría decirse que vengativas) que hacían que el país tuviese que destinar un enorme porcentaje de sus ingresos nacionales al pago de daños e indemnizaciones, principalmente a Francia y la Gran Bretaña, con lo cual le resultaba imposible recuperarse económicamente después del desastre que la guerra había significado. Por causa de lo anterior, el gobierno de centro-izquierda que se implantó en Alemania después de finalizada la guerra (periodo que es conocido como la (República de Weimar) fue absolutamente incapaz de lidiar con el desprestigio que supuso aceptar las draconianas condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, lo que lo hizo blanco de los ataques de los sectores más ultraderechistas de la población que clamaban por regresar a un estado de cosas similar al que el Imperio prusiano había impuesto tras la Batalla de Sedan en 1870, en la cual derrotaron y humillaron a Francia. Así las cosas, una doctrina que abogase por el regreso de la antigua gloria imperial y del perdido orgullo que había construido la historia reciente de Alemania tenía todo el terreno abonado para germinar y florecer, como efectivamente sucedió con el nazismo. Hacia mediados de la década de 1920 el nazismo ya era una fuerza política reconocida aunque minoritaria, pero día a día contaba con más simpatizantes que veían en ella y en su líder la salida ideal al estado de postración en que vivía Alemania por ese entonces. Ya en la década de 1930, el nazismo era una fuerza poderosa, y tan sólo esperaba el momento propicio para asumir el poder, momento que se dio en 1933, primero con la renuncia del canciller Hindenburg y la asunción del cargo por parte de Hitler y luego con el incendio intencional por parte de los nazis de Reichstag (el edificio del Parlamento), del cual acusaron a los comunistas, con lo cual se dio el pretexto ideal para que el partido nazi pudiese hacerse con el poder absoluto en Alemania.
Ya en el poder, las ideas y actuaciones del nazismo se centraron en la implantación de un gobierno dictatorial que apoyaba a una milicia popular urbana, la militarización del pueblo y los ataques a la democracia, el judaísmo internacional y el comunismo.
Las principales características del régimen nazi fueron:
- Régimen totalitario: Se suprimieron derechos y libertades individuales. Se pusieron a merced del Estado las empresas y los sindicatos obreros. Todas las actividades de los ciudadanos eran vigiladas y coordinadas por la policía, al tiempo que toda oposición era oprimida.
- Militarización del país: En Alemania esto se vivió con gran regocijo por parte de una gran mayoría de la población, dado que los hombres mas viejos habían participado en la Primera Guerra Mundial y a los mas jóvenes se les había inculcado un profundo sentimiento de venganza y revanchismo hacia quienes los habían humillado luego de perder la guerra.
- Racismo: Se sostenía que la raza aria o indoeuropea era la única raza superior por proceder de antiguos griegos, romanos y germanos y que era de total urgencia limpiarla de toda sangre no aria, en especial de la de los judíos.
- Imperialismo: Olvidando todo lo pactado en el Tratado de Versalles, los nazis ordenaron armar a la población, establecieron el servicio militar obligatorio, anexaron al territorio alemán toda la cuenca del Ruhr (que había sido cedida al control de Francia) y los territorios nacionales de Austria y Checoslovaquia. Cuando Alemania continuó con su plan de anexiones al invadir Polonia, se desató la Segunda Guerra Mundial, el primero de septiembre de 1939.
El fascismo, cuyo líder era Benito Mussolini, fue una doctrina política muy cercana en ciertos puntos, no en todos, al nazismo.
El nazismo es responsable de la muerte de más de seis millones de judíos y de más de treinta millones de personas (en especial en la Unión Soviética, en donde murieron más de veinte millones).
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HITLER EN LA LITERATURA PARA INFLUIR AL MUNDO

HITLER ESCRIBIÓ UN LIBRO SOBRE SU AFICIÓN DE" SER EL MUNDO "
PERO SOBRE EL SE HAN ESCRITO MILES DE LIBROS ASÍ QUE HITELR HA INFLUIDO DE UNA FORMA MUY RELEVANTE EN LA LITERATURA :


Hablar del Nazismo, la historia de la ideología del dictador Adolfo Hitler representa siempre un tema con aristas puntiagudas, pero es también un asunto necesario para entender la actualidad de la humanidad.
La historia de Hitler es conocida en casi todas su facetas como líder, como político, como dictador, como hombre de ideas, pero especialmente como un asesino, un genocida, pero sus últimos días están borroso; ideas encontradas señalan que se suicidó antes de ser capturado por la fuerzas contrarias, pero otras indican que vivió sus últimos 20 años escondido entre países sudamericanos, pero son solo teorías.
Hitler tenía además una faceta que no alcanzó a explotar, la de escritor, una careta que se cristalizó con la primera edición del manual del Nacional Socialismo, Mi Lucha, un 18 de julio de 1925, antes de la explosión de la Segunda Guerra Mundial.
A propósito del aniversario de este libro, que además está prohibido en la mayor parte del mundo, De10.mx te presenta una recopilación de obras que desentrañan la historia del mayor “demonio” que persiguió a la humanidad. Cerca del conteo, quedaron fuera títulos como El Arca de Shindler, El Día de Hitler, El Bunker de Hitler, Matar a Hitler, El Artista del Mal y algunos otros que también vale la pena que conozcas.


LA IDEOLOGIA NAZI DE LA RAZA

Adolf Hitler, el Führer (líder) del partido Nazi, formuló y articuló las ideas que llegaron a conocerse como la ideología nazi. Se consideraba a sí mismo un pensador profundo y riguroso y estaba convencido de que había encontrado la clave para comprender un mundo extraordinariamente complejo. Creía que las características, actitudes, habilidades y comportamientos de una persona estaban determinados por su presunta constitución racial. Desde el punto de vista de Hitler, todos los grupos, razas o pueblos (usaba esos términos indistintamente) poseían rasgos inherentes e inmutables que se transmitían de generación en generación. Ningún individuo podía superar las cualidades innatas de la raza. Toda la historia humana podía explicarse en términos de la lucha de razas.

Para formular su ideología de la raza, Hitler y los nazis tomaron ideas de los darwinistas sociales alemanes de fines del siglo XIX. Al igual que los darwinistas sociales que los precedieron, los nazis creían que los seres humanos se podían clasificar colectivamente en razas y que cada una de esas razas tenía características distintivas que se habían transmitido genéticamente desde la primera aparición de los humanos en tiempos prehistóricos. Estas características heredadas no solo se relacionaban con la apariencia externa y con la estructura física, sino que también influían en la vida mental, los modos de pensar, las habilidades creativas y organizativas, la inteligencia, el gusto y la valoración de la cultura, la fortaleza física y la destreza militar.

Los nazis también adoptaron la visión de los darwinistas sociales respecto a la teoría darwiniana de la evolución respecto a la “supervivencia del más apto”. Para los nazis, la supervivencia de una raza dependía de su capacidad para reproducirse y multiplicarse, la acumulación de tierras para mantener y alimentar a esa población en crecimiento, y el cuidado en mantener la pureza de su patrimonio genético para así preservar las características “raciales” únicas con las que la “naturaleza” la había dotado para que tuviera éxito en la lucha por sobrevivir. Como cada “raza” buscaba expandirse, y dada la finitud del espacio en la Tierra, la lucha por la supervivencia se traducía “naturalmente” en conquista violenta y confrontación militar. Por lo tanto, la guerra incluso la guerra constante  era parte de la naturaleza, una parte de la condición humana.

Para definir una raza, los darwinistas sociales establecían estereotipos, tanto positivos como negativos, de la apariencia, el comportamiento y la cultura de los grupos étnicos, que supuestamente eran invariables y estaban arraigados en la herencia biológica, eran inmutables a lo largo del tiempo e inmunes a cambios en el entorno, el desarrollo intelectual o la socialización. Para los nazis, la asimilación de un miembro de una raza por parte de otra cultura o grupo étnico era imposible porque los rasgos hereditarios originales no podían cambiar: solamente se podían degenerar a través de la llamada mezcla de razas.

HITLER EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La Segunda Guerra Mundial
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue uno de los acontecimientos fundamentales de la historia contemporánea tanto por sus consecuencias como por su alcance universal. Las potencias del EJE (los regímenes fascistas de Alemania e Italia, a los que se unió el militarista Imperio japonés) se enfrentaron en un principio a los países democráticos aliados (Francia e Inglaterra), a los que se sumaron tras la neutralidad inicial los Estados Unidos y, pese a las divergencias ideológicas, la Unión Soviética; sin embargo, esta lista de los principales contendientes omite multitud de países que acabarían incorporándose a uno u otra bando. La Segunda Guerra Mundial, en efecto, fue una nueva guerra total (como lo había sido la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, 1914-1918), desarrollada en vastos ámbitos de la geografía del planeta (toda Europa, el norte de África, Asia Oriental, el océano Pacífico) y en la que gobiernos y estados mayores movilizaron todos los recursos disponibles, pudiendo apenas ser eludida por la población civil, víctima directa de los más masivos bombardeos vistos hasta entonces.

La ciudad alemana de desde tras los bombardeos aliados (febrero de 1945)
En el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial suelen distinguirse tres fases: la guerra relámpago (desde 1939 hasta mayo de 1941), la guerra total (1941-1943) y la derrota del Eje (desde julio de 1943 hasta 1945). En el transcurso de la guerra relámpago, así llamada por la nueva y eficaz estrategia ofensiva empleada por las tropas alemanas, la Alemania de Hitler se hizo con el control de toda Europa, incluida Francia; sólo Inglaterra resistió el embate germánico. En la siguiente etapa, la guerra total (1941-1943), el conflicto se globalizó: la invasión alemana de Rusia y el ataque japonés a Pearl Harbour provocaron la incorporación de la URSS y los Estados Unidos al bando aliado. Con estos nuevos apoyos y el fracaso de los alemanes en la batalla de Stalingrado, el curso de la guerra se invirtió, hasta culminar en la derrota del Eje (1944-1945). Italia fue la primera en sucumbir a la contraofensiva aliada; Alemania presentó una tenaz resistencia, y Japón sólo capituló después de que sendas bombas atómicas cayeran sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
El miedo a la expansión del comunismo soviético había hecho que Hitler fuese visto por las democracias occidentales como un mal menor, suposición que sólo desmentiría el desarrollo de la contienda. La Segunda Guerra Mundial costó la vida a sesenta millones de personas, devastó una vez más el continente europeo y dio paso a una nueva era, la de la Guerra Fría. Las dos nuevas superpotencias surgidas del desenlace de la guerra, los Estados Unidos y la URSS, lideraron dos grandes bloques militares e ideológicos, el capitalista y el comunista, que se enfrentarían soterradamente durante casi medio siglo, hasta que la disolución de la Unión Soviética en 1991 inició el presente orden mundial. Dividida en dos áreas de influencia, la Occidental pro americana y el Este comunista, Europa, como el resto del mundo, quedó reducida a tablero de las superpotencias, y aunque la Europa occidental recuperó rápidamente su prosperidad, perdió definitivamente la hegemonía mundial que había ostentado en los últimos cinco siglos; en el exterior, tal declive se visualizaría en el proceso descolonizador de las siguientes décadas, por el que casi todas las antiguas colonias y protectorados europeos en África y Asia alcanzaron la independencia.

lunes, 16 de mayo de 2016

BIOGRAFIA

En enero de 1885, Alois Hitler se casó con Klara Pólzl en terceras nupcias. En mayo nacía Gustav; tanto Gustav como una hija nacida en 1887 murieron en la infancia. En 1889 nació Adolf, y más tarde Paula. Adolf Hitler tenía seis años cuando su padre se jubiló. La familia dejó entonces Passau (su último destino), se mudó a Hafeld-am-Traun, luego a Lambach y por último compraron una casa en Leonding, aldea en las afueras de Linz. Allí pasó Hitler su infancia, razón por la que Linz fue considerada la «ciudad natal del Führer» y se convirtió en centro de peregrinación nazi. Su padre murió el 3 de enero de 1903, dejando una pensión a su viuda. Dos años después, la madre vendió la casa por diez mil coronas y se establecieron en Linz.
En el verano de 1905, el joven Adolf abandonó la enseñanza secundaria sin pena ni gloria: su mediocre rendimiento en la Realschule le había valido la expulsión antes de conseguir título alguno. Cuando su madre murió en 1907, se trasladó a Viena con el dinero de la herencia. Dibujaba por afición y esperaba convertirse en un pintor académico. Se inscribió para las pruebas de acceso en la Academia de Artes Plásticas, pero fracasó en el examen de ingreso. Al año siguiente reunió sus dibujos y volvió a presentarse en la Academia, pero esta vez la institución, tras observarlos, ni siquiera lo admitió a examen.
                                       

Fue entonces, a finales del año 1908, cuando Adolf Hitler entró en contacto con el antisemitismo a través de las teorías de Jörg Lanz von Liebenfels. En los textos de este monje austriaco se vislumbra ya el germen de su ideología posterior: Liebenfels llamaba Arioheroiker ('héroes arios') a la raza rubia de los señores, y los enfrentaba a los seres inferiores, los Affingen ('simiescos'), para concluir que la necesidad de diezmar a estos últimos estaba biológicamente justificada, pues acabaría con el engendro del mestizaje.
Durante todo el año siguiente Hitler consumió una gran cantidad de esos panfletos racistas. Ya entonces vivía miserablemente, había agotado su herencia y no trabajaba; se alojaba en una residencia para indigentes y pasaba hambre en sus vagabundeos por Viena. Desatendió los reiterados llamamientos para cumplir el servicio militar, y a los veinticuatro años (edad en la que cesaba la obligación de ingresar a filas), cruzó la frontera alemana, instalándose en Múnich. Ese mismo año (1913) las autoridades austriacas averiguaron su paradero y lo obligaron a comparecer primero en su consulado en Múnich y luego ante la comisión de reclutamiento de Salzburgo. Allí, dado su débil estado físico, fue declarado no apto e inútil para la milicia.
La paulatina gestación de su ideario había llevado al joven Hitler a sentir un profundo desprecio por el ejército de su Austria natal, al que juzgaba débil e irrelevante en la Europa de aquel tiempo; admiraba, en cambio, el vigor y pujanza de las guarniciones alemanas. Por ello no debe sorprender que, tras haber eludido durante tres años el servicio militar austriaco, se enrolase voluntariamente en el ejército alemán el 16 de agosto de 1914, al poco de iniciarse la primera guerra mundial.
                          
El 12 de septiembre de 1919 fue comisionado para asistir a una asamblea del incipiente Partido Obrero Alemán (DAP) con el objeto de recabar información sobre dicha asociación. Hitler intercambió impresiones con el presidente del DAP, Anton Drexler, y todo habría terminado allí, quizá, si no hubiese recibido poco después una tarjeta postal en que la dirección del partido (el cual no contaba entonces con más de cincuenta afiliados) le comunicaba su ingreso en el mismo. Notable era sin duda su afinidad con aquella pequeña formación ultraderechista, que incluía entre sus orientaciones ideológicas el ideal expansionista pangermánico, el racismo antisemita y el rechazo frontal a las imposiciones del Tratado de Versalles.
Pero la crisis económica de 1929 y su reguero de paro, privaciones y descontento entre las clases medias y bajas permitieron al partido nazi un desarrollo más que considerable: de un 2,6% de votos en 1928 pasó a obtener el 18,3% (seis millones de papeletas) y 107 diputados en los comicios de 1930. A partir de ese momento el partido comenzó a recibir ayudas de los magnates del Ruhr (Von Thyssen, Otto Wolff, Voegeler) y de otros grandes grupos industriales, los cuales, como había sucedido en Italia, vieron en el virulento anticomunismo y antisindicalismo de los nazis un instrumento que podía alejar una revolución obrera y disuadir a los sindicatos de sus reivindicaciones. En los dos procesos electorales de 1932, el Partido Nacionalsocialista no llegó a conseguir suficientes diputados para gobernar en solitario, pero se convirtió en la fuerza más votada (37,3 y 33,1%). En enero de 1933, presionado por el ejército y los sectores conservadores, el presidente de la República, paul von Hindenburg , nombró a Hitler canciller.